¿Por qué o para qué trabajamos? Una frase común y popular es decir que se debe “trabajar para vivir y no vivir para trabajar”. Cierto. Pero la respuesta me parece aún ambigua. En dado caso, ¿para qué se vive? ¿para qué en un mundo donde la única actividad que tiene valor es el trabajo?
Curioso, porque si lo pensamos, nuestra cultura valora una actividad que en sí misma no tiene valor. El trabajo es útil sólo cuando crea valor para algo o alguien más. Me explico; para una persona que trabaja en una cafetería, el preparar cafés por preparar no sirve de nada. Al contrario es un desperdicio. Es útil sólo si es para que alguien más lo beba.
Tan no tiene valor el trabajo, que más allá de las necesidades que satisface, lo vemos como un mero medio para satisfacer nuestras necesidades primarias: comer, tener un techo, ropa. Si no fuera por ello, no trabajaríamos.
Pero vivimos en una cultura que idolatra el trabajo. Dividimos el tiempo en “días laborales” y “días libres o de descanso”. Muchas veces descalificamos cualquier actividad “no productiva”, es decir que no sea trabajo, porque ser una perdida de tiempo.
Es así, que no sólo hemos desvirtuado “el tiempo libre” sino que ha perdido sentido. ¿Qué es “el tiempo libre”? ¿qué hacemos con nuestro tiempo libre? ¿nada? Si no sabemos qué es o qué sentido tiene, ¿cómo podemos aprovecharlo? He aquí la raíz de la holgazanería, me parece.
Por ello, de la mano de Josef Piper, filósofo alemán que además estudió Derecho y Sociología, me gustaría redescubramos el sentido del “tiempo libre” y “ocio”. En su libro Only the lovers sings (“Solo los enamorados cantan") nos explica que si pensamos en el tiempo libre sólo en relación con los días laborales, como una mera pausa para recuperar el aliento para poder seguir trabajando, forzosamente tendrá una connotación negativa.
Por lo que dejemos de lado la idea de trabajo y centrémonos en el concepto de “tiempo libre”.
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