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La noche comenzaba a caer mientras Tito jugaba en el patio de su casa. En en extremo, una montaña de cajas eran la fortaleza en la que se encontraba el temible Capitán Zourch. Al otro lado, Tito se ocultaba tras un árbol. Una lata de refresco con un lápiz atravesado, simulaba ser un woki toki a través del cual el niño de a penas 8 años se comunicaba con sus compañeros de misión para informarles de la ubicación exacta de la fortaleza. La señal no era muy buena, por lo que movía desesperadamente el lápiz para lograr comunicarse. Pero había demasiada estática.
- ¡Tito, ya métete!
De pronto, apareció su mamá en la puerta apurándolo para ir a cenar.
Haciendo a un lado su woki toki, Tito hizo lo que todo niño, rogó por un poco más de tiempo.
- Ya voy mamá... sólo déjame exterminar al Capitán Zourch y a todo su ejercito de babosas criaturas... ¿sí?
- Tito... ya es hora.
Resignado, Tito asintió y fue directo a su casa, no sin antes, en un intento desesperado, desenfundar su pistola láser y disparar contra la torre mayor de la fortaleza. Pero falló, a penas si rozó una de las paredes laterales.
Ya en su casa, cenó se bañó y fue a la cama. Pero aún tenía dos figuras de acción entre manos. Al parecer estaba en plena batalla cuando su mamá entró al cuarto para darle las buenas noches.
- ¡Ya duérmete!
Le dio un beso en la frente, apagó la lamparita de mesa que tenía a un lado de la cama y se dispuso a ir. Justo en la puerta se detuvo y volvió.
- Te quiero
- Y yo a ti ma’
Su mamá sonrió y se fue, mientras Tito seguía jugando.
- ¡Títo ya duérmete! - Gritó su mamá desde otra habitación.
Tito bajó la voz y siguió jugando hasta quedarse dormido.
A la mañana siguiente, mientras se terminaba de arreglar, se vio al espejo y se dijo así mismo:
- ¿Qué aventura nos deparará este día?
- ¡El desayuno está listo!
En cuanto escuchó lo llamaba desde la cocina, tomó un avioncito que tenía en su buró y llevó planeando a toda velocidad hasta el desayunador. Mientras comía su cereal, jugaba con la cuchara como si cada bocado fueran aviones aterrizando. Entonces se escuchó el claxon del camión de la escuela.
Tito dejó el cereal. Salió corriendo hacia la puerta pero regresó. Tomó su mochila y volvió a salir corriendo. Justo en la puerta antes de girar la perilla, regresó hasta la cocina, besó a su mamá y salió disparado hasta el camión, al tiempo que gritaba:
- ¡Adiós mamá!
Su mamá tan sólo lo observó con un sonrisa en el rostro. Era la rutina de cada mañana.
Tito subió al camión y éste arrancó rumbo al colegio.
Ya en la escuela, la clase estaba en silencio, con la cabeza metida en un complicado ejercicio de matemáticas. Pero Tito ya había terminado por lo que se puso a dibujar en su cuaderno. De pronto percibió una silueta que obstruía la luz que entraba por la puerta del salón.
Tito volteo y cuál fue su sorpresa, era el mismísimo Capitán Zourch, un horripilante monstruo baboso que parecía arrastrarse mas que caminar.
Pegó un brinco sobre su silla, al tiempo que todos sus compañeros y la maestra incluidos voltearon. Comenzaron a gritar y correr desesperadamente. Pero Tito mantuvo la calma y se dijo para sus adentros, como reclamándose:
- Si tan sólo mi mamá me hubiera dejado exterminarlo ayer...
El Capitán iba directo hacia él. Mientras Tito analizaba sus posibilidades. No sabía qué hacer, había dejado su rayo láser en su cuarto. Entonces, el Capitán estiró uno de sus tentáculos y lo enrolló al rededor del cuello de Tito.
- ¿Cuáles son tus últimas palabras?
- Acabaré contigo, ya verás
El Capitán soltó una maléfica carcajada y de pronto, todo cambió, como si se hubieran transportado a otro lugar... ¡Era el laboratorio del Capitán Zourch! Se trataba de un amplio y frío cuarto. Todas las paredes eran blancas y la mayoría del cuarto estaba vacío, salvo por una consola y una plancha de aluminio que se encontraba justo en medio donde Tito se encontraba atado. Con los ojos trató de inspeccionar el lugar, pero sólo alcanzaba a ver la pared que tenía enfrente.
A sus espaldas, en la consola, el Capitán Zourch maniobraba unas perillas. De la pared frente a Tito se abrió un compartimiento y apareció un gigantesco láser que apuntaba contra él.
El Capitán observaba con una sonrisa mientras oprimía un botón hasta ubicar el láser en la posición correcta.
Tito comenzó a ser víctima de la desesperación. No se podía mover... no había nada que pudiera hacer. Así que comenzó a gritar... hasta que despertó. Abrió los ojos y se dio cuenta que apenas era de mañana, estaba sano y salvo en su cuarto. Pasó saliva al tiempo que su mamá se asomó por la puerta de su cuarto.
- Tito es hora de despertar. ¡Apúrate! No se te vaya a hacer tarde...
De un brinco se levantó de la cama y empezó a arreglarse. Estaba terminado de peinarse cuando se vio al espejo y con una mirada retadora se dijo a sí mismo:
- ¿Qué aventura nos deparará este día?
- ¡Tito a desayunar!
Giró tras el grito de su mamá y se dispuso a bajar a toda velocidad. Pero se detuvo para tomar un avionsito. Ya lo tenía entre manos cuando decidió dejarlo y tomar su pistola láser, se la ajustó en la cintura del pantalón por la espalda y bajó a desayunar.
Al escuchar al camión de la escuela realizó su acostumbrado ritual de ir y venir hasta que se despidió de su mamá y salió de la casa.
En cuanto salió se paró en seco al ver que en lugar del camión de la escuela había una nave espacial. De pronto se abrió una escotilla, unas escaleras se desplegaron y comenzó a bajar el Capitán Zourch.
Tito, tras tragar saliva, se dijo para sí mismo:
- ¡Ouch! Creo que no fue una sueño. -Desenfundando su pistola y sonriendo ligeramente continuó- Pero esta vez, ¡estoy preparado!
FIN

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